domingo, 27 de mayo de 2012

Grande

Una mano suave que deja caer las piezas
que desperdigadas por la mesa, callan, observan
se deshacen y luego... nada.

Como un obrero en crisis
como un país con futuro incierto
se desata la rabia del que quiere y no puede
del que ama y odia...

y así, con el esfuerzo de los buenos días
le canto a las lechugas porque de llorar no puedo
¡Y tú! pobre hombre que ni si quiera éstas tienes:
te ries, te regodeas, me sonríes siendo nadie
y en nada me dejas.

Que tus calles son vacías cuando te aparece la congoja
con la vergüenza de un amo que no entiende de futuros
me regodeo en la impotencia por ser yo,
por ser nadie ¡Oh Don Poderoso Dinero!
Doña Poder nos susurra...

Y sus elefantes nos pisa la testa
cada día con su grácil pasar ruidoso,
 tirando piedras, haciendo daño
doliéndonos los ojos y preguntándonos:
¿Qué de nosotros ha sido?

sábado, 26 de mayo de 2012

Con dos razones

"Ir contra el mundo con dos cojones no es lo mismo que ir con dos ovarios"

martes, 6 de marzo de 2012

Gravedad


Son las ondas del viento
que cambia la presión de mis arterias
el mar que estampa las olas en mi cara
cuando había anochecido en desierto.
El empuje de los pies hacia arriba
de las cuerdas que se enrredan en las pestañas.
Donde los ojos durmientes
decaen en la desesperanza.

El giro de la tierra, y yo, a noventa grados de la realidad
con las facciones consumidas por las palabras.

Entonces pesan piedras
siendo flexible como un junco
delicado como un pétalo de rosa
el giro inevitable...
la vuelta, en espiral.

Mirando el reloj sin perder de vista las manecillas
se pasa el oxígeno de mis pulmones frente a mis narices.
Anhelo lo que no tengo
y como si nunca pudiera tenerlo
me aferro a clavos clavados
patinando en el asfalto
una vez más...

Una vez más.

lunes, 16 de enero de 2012

Descending.

Y cae al vacío
descendiendo entre la nada y el todo que le queda debajo.
Las lágrimas que le recorren las mejillas flotan ingrávidas en el sol del atardecer.
El sudor seco, los ojos abiertos,
las pupilas incandescentes de la ceguera del momento.

Mientras le adelantaban las piedras que con su cuerpo caían,
los ojos de ajenos que no comprenden el dolor, se sorprenden.
Las bocas gritan.
Pero es tan solo un momento de decisión
caer no es tanto si se hace rápido.

Parecía que el cielo estaba nublado.
Mientras se apagaba el viento
el día, las horas.
Todo.

viernes, 30 de diciembre de 2011

Y feliz año...

Que Dios diga si de gritar no me valiera,
el no merecer la pena de manos que se alejan
de ojos que nunca miraron
y de palabras que nunca fueron.

Y válgame el Olimpo
cuando muestro los caminos por los que me he ido.
Que si él quiere y yo quiero
no hay cosa que ya no crea fuera de ambos
de nosotros, que no sean sus palabras.

Despídete de todos
con la lengua borrosa y los pulmones quemados.
Ya no existen ni llantos ni risas
de quejas ajenas a ello.

Que se han muerto las cornisas de tu casa
y rióme yo de tus silencios.

martes, 29 de noviembre de 2011

De nuevas


Y que se murieron las olas con tu tez
con las palabras y el eco
con el sonido de su odio se fueron
los malos recuerdos al mar.

Levantarse con el pie que duele,
que yacer con los ojos sombríos
y el atardecer dormido.

De gritar entre sonrisas
o quizás lágrimas medio vacías
de angustia y quebrados cuentos
la mano que tiembla en sombras queda.

Y como sobras del recuerdo
que se difumina con la mano del pintor:
ni vistas ni adios,
ni tras de rastros.

Quemados los recuerdos de los que no me arrepiento,
zanjado el hoy por perfumes de la guerra
el egoísmo, la misantropía, el asco:
levanto el cuerpo.

Levanto el cuerpo y con susurros en la mente
de un hoy enérgico como el rompeolas
ni faros falsos, ni falsas esperanzas
de andar con mis pies, yo nado.

lunes, 4 de julio de 2011

Una mirada al horizonte


Dejó que el viento peinara su cabello, mirando al frente con aires de melancolía. Suerte que su rostro andaba oculto entre la sombra y su enmarañado pelo. Suerte que allí no había nadie...
Pasaban los días con la espera en el pecho, mirando a la nada, a puntos infinitos del cielo mientras las horas morían con la luz.
Se estaba apagando una vez más, y ella, que en silencio poco a poco iba levantándose de la piedra echaba una última ojeada al horizonte, mientras éste se tragaba el inmenso astro de luz.
El porqué de aquellos actos nadie lo sabe. Dicen que alguna vez la escucharon hablar en sueños y que su voz pronunciaba una y otra vez cosas como "quiero... poder".
Un día desapareció. Nadie más supo de ella. Y hasta entonces, hasta hoy, su desaparición se había convertido en un misterio y la piedra dónde solía subir le dieron su nombre: "la piedra del Aurora". Donde diversos acontecimientos sucedieron allí.